martes, 28 de febrero de 2012

Capítulo 2

Todos miraron con una mezcla de sorpresa, emoción y miedo el billete que Pedro sostenía en la mano. En su corta vida, sólo habían visto estos billetes por televisión, soñando con tener alguno en sus manos que les abriera un mundo de lujos y felicidad. Era como haber encontrado la entrada de una cueva con un tesoro que solo ellos conocían, y eso los hacía sentir como si hubieran entrado en una película de Indiana Jones. Pero había algo que les frenaba un poco esta emoción y a la vez les infundía un miedo inexplicable: las iniciales grabadas en la maleta.

- Tendríamos que abrir el maletín, ¡seguramente habrá muchos más billetes como este! – comentó Clara, curiosa por naturaleza.

Santi, el más mayor y por eso el que tomaba más consciencia de lo que significaba ese hallazgo, comentó:

-Estas iniciales pertenecen a alguien…y si es verdad que el resto del maletín tiene muchos más billetes, ¡ese alguien ha perdido mucho dinero! Creo que de momento no tendríamos que decir nada de esto a nuestros padres, tenemos que pensar qué vamos a hacer con todo esto.

Se mostró pensativo unos instantes y, con cara de estar tratando el Secreto de Estado más grande de todos los tiempos, dijo:

- Propongo que todos hagamos un juramento. Repetid conmigo

Todos se pusieron muy serios, como si así le dieran más realidad a su nuevo juego, y se dispusieron a repetir las palabras de Santi.

-“SOMOS LOS BUSCADORES DE LA VERDAD Y PROMETEMOS NO DECIR NADA DE ESTO A NINGÚNA PERSONA QUE NO ESTÉ HOY AQUÍ”

Al unísono se oyeron las voces de los demás que repetían lo que había dicho Santi, creándose así un vínculo mucho más estrecho de lo que jamás les había unido.
Lucía, que hacía rato que miraba a su hermano pequeño con preocupación, decidió ser un poco más práctica:

-¿Qué vamos a hacer? ¡La mano de Alejandro cada vez sangra más! Bueno chicos, Susto y yo nos vamos a casa a ver si le curamos esta herida tan fea. Santi, quédate tú con el maletín de momento y no hagáis tonterías, mañana por la mañana decidimos cómo abrimos el otro cerrojo.

Poco a poco todos se fueron a sus casas, todavía con la emoción que les embargaba y soñando con las valientes aventuras que vivirían los próximos días en busca de la verdad.

Lucía y Alejandro se fueron a casa y entraron sigilosamente. Al abrir la puerta oyeron a su madre que atendía a una clienta en la tienda de la planta baja, anotando las medidas del nuevo vestido que le pedía la voz chillona de ésta, que decidía el color y la textura para que la costurera le preparara el mejor atuendo para las fiestas locales. Los dos niños se alegraron de encontrar a su madre distraída, ya que así pudieron subir corriendo al piso de arriba donde estaba el pequeño hogar en el que vivían. Lucía se dirigió al baño en busca de algo con lo que curar a su hermano. Le puso un poco de alcohol e intentó que la herida parara de sangrar tapándola con gasas y algodón, pero no lo conseguía. Los nervios de los dos hermanos iban en aumento. ¿Cómo iban a explicar esa herida? Su madre, muy aprensiva, se pondría histérica cuando viera la sangre en el baño.
De repente la puerta del baño se abrió, y la cara de su madre mostró asombro al ver a Lucía con las gasas en la mano taponando la herida.

-¡¿Se puede saber qué está pasando aquí?!

Los dos hermanos se miraron sin saber qué responder, buscando una explicación que les permitiera no romper el juramento de los Buscadores de la Verdad.

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